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El ataque en Londres y el reto mundial de enfrentar el terrorismo "low cost"

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Por Fernando Martínez.

La lucha contra el terrorismo que tiene como estrategia global frenar todas las fuentes de financiamiento de grupos claramente identificados, resulta a todas luces inútil para prevenir los últimos capítulos de ataques en Europa y Estados Unidos, pues solo rentar un vehículo 4x4, puede dar posesión a un individuo -en segundos- de una destructiva arma de guerra. El reciente ataque en la capital británica revive esta tendencia.  

Aunque el Estado Islámico, a través de un comunicado difundido en las redes sociales, asumió como protagonista del ataque terrorista que dejó cuatro víctimas mortales y unos 59 heridos en Londres, la policía británica -de acuerdo con información de la agencia EFE- no ha encontrado pruebas de que exista una conexión entre Khalid Masood (identificado como autor material del atentando) y grupos yihadistas. 

Ataque en Londres

El portavoz policial inglés Neil Basu razonó que "sus métodos de ataque parecen estar basados en una baja sofisticación, con poca tecnología y técnicas de bajo costo copiadas de otros ataques", con referencia clara a los atentados en Berlín y Niza durante el 2016.

En todos estos casos, la fuerza de vehículos de carga pesada y la posesión de armas fueron suficientes para generar terror, muerte y resonancia mundial. 

Fuera del perfil

En este patrón de ataque perpetrados por los denominados "lobos solitarios" surge en el ataque de Londres el nombre de Khalid Masood, quien tenía antecedentes penales por varios delitos, pero ninguno de ellos relacionado con el terrorismo. 

Vivía en Birmingham, una localidad considerada como la capital del yihadismo británico. Más allá de eso, por lo menos hasta ahora, no se ha detectado que Massod formara parte de alguna red o célula, aunque la policía británica ha detenido a más de una decena de sospechosos después del ataque.

El costo económico de su acción es prácticamente insignificante, versus la tragedia causada en apenas 82 segundos. "Se da la circunstancia de que estas personas radicalizadas son difíciles de detectar, ya que, en la mayoría de los casos, son ciudadanos locales que hacen una vida relativamente normal y no levantan sospechas. Por ejemplo, en el último ataque en Londres, el terrorista tenía 52 años, una edad que no era considerada de riesgo por las autoridades, ya que estas se centran más en los jóvenes, que son más moldeables por los discursos islamistas del odio", destacó el analista internacional Isaac Calvo, en la semana.es. 

Un reto complicado 

Los expertos ya han insistido en el complicado reto que significa detener las acciones terroristas "de proximidad", de "low cost" o de "los pobres", como también se les llama, las cuales no requieren de grandes sumas de dinero, sino individuos desadaptados o con problemas psicológicos que son manipulables a distancia, que podrían actuar sencillamente bajo "inspiración" y no como parte de una acción coordinada.

El experto español en terrorismo David de Caixal declaró al periódico La Tercera que "está claro que estas nuevas tácticas complican y ponen más difícil la tarea de las fuerzas policiales y de los servicios de inteligencia a la hora de poder detectar y prevenir estos nuevos atentados de 'bajo costo'".

Etiquetado en: Terrorismo