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El gran dilema (y la doble moral) de la banca mundial en torno a Venezuela (Parte II)

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Por Juan Alejandro Baptista.

En esta segunda parte, enfocaré mis reflexiones hacia la doble moral que gira en torno a las relaciones financieras con Venezuela. Debo comenzar aclarando que al referirme a la doble moral de la banca, me referiré tanto al sistema financiero venezolano como al internacional. 

Empecemos con los de adentro. Para resumir, podemos decir que en casi dos décadas de gobierno chavista, las instituciones financieras venezolanas han tenido que mutar, pasando de ser unos bancos “normales” con elevados estándares internacionales a ser unos “sobrevivientes” del Comunismo del Siglo XXI

Sin embargo, algunos banqueros se han arropado en esa condición lastimosa de “sobrevivientes”, para solapadamente convertirse en brazos financieros de los corruptos más grandes que ha conocido la historia moderna latinoamericana (título que solo se lo pueden disputar sus colegas brasileños, aunque me atrevería a aportar por los venezolanos). Prestigiosos empresarios de las finanzas consideraron ineludible la mutación para evitar el fin de sus emporios financieros, para “salvar sus empresas”, olvidándose del costo social que ese supuesto “sacrificio” implicaba; peor aún, olvidándose del costo moral (y quizás legal) que conlleva el ser cómplices estratégicos de gobernantes genocidas, narcotraficantes e inhumanos.

Mientras millones de venezolanos han migrado en la búsqueda de una mejor vida, muchos banqueros hicieron una “migración moral”, saliendo de ese “poco rentable” lugar llamado “decencia” y reubicándose en el oscuro y rentable mundo de la corrupción.

Lo más triste, es que cuando hablo de banqueros no solo me refiero a dueños, accionistas, directivos y altos gerentes… no, empleados de todos los niveles asumieron las prácticas corruptas como estrategia de “sobrevivencia”, doblegando sus principios morales e implementando en su día a día la “ceguera voluntaria” como forma de subsistencia, el cobro ilegal de “vacunas” a los clientes como recurso compensatorio por los escuetos salarios que ganan; y el cobro de comisiones a los proveedores como una manera de compensar las paupérrimas condiciones en que vive la mayoría de venezolanos.

Es solo cuestión de tiempo para que públicamente se conozcan sus nombres y sean identificados como los banqueros del chavismo, cuando eso suceda el mundo verá con vergüenza e indignación a esos inescrupulosos empresarios que lograron multiplicar sus capitales (que ya eran grandes), a cambio de las vidas, la dignidad y el futuro de los venezolanos.

Ahora voy con los de afuera. Quiero reiterar lo que dije en la primera parte de estas reflexiones, donde claramente expuse lo difícil que es para los bancos internacionales ofrecer servicios a entidades e individuos venezolanos, con razones muy justificadas. Muchos de estos bancos han aplicado medidas basados en análisis de riesgos técnicos, serios, y han sido coherente en sus políticas por muchos años.

No obstante, hay entidades que han experimentado un proceso de mutación similar a sus colegas venezolanos, incluso hay algunas que nunca han tenido que mutar, porque desde siempre comprendieron que el chavismo podía ser “desgracia para los venezolanos, pero riqueza para los vivos”.

Para nadie es un secreto que los primeros 10 años de chavismo, Venezuela recibió enormes cantidades de dinero producto de los elevados precios del petróleo (algunas estimaciones hablan de US$ 800.000 millones entre 1998 y 2008). Si a esto le sumamos la malversación de los fondos colectados por impuestos, la apropiación indebida de los recursos generados por la explotación de oro, diamantes, bauxita, coltán, gas natural y otros minerales, entre otras fuentes de recursos del estado venezolano, la cifra es sencillamente enorme. 

Gran parte de estos recursos han sido y siguen siendo malversados… pero ¿cómo puede un puñado de bandidos de tercer nivel extraer tal cantidad de recursos de una nación? Todos los que se toman la molestia de leer estas humildes reflexiones lo saben: gracias a complejas estructuras y entramados jurídicos internacionales conformados para “ocultar, movilizar, disfrazar” el origen sucio de ese dinero. Todos también sabemos que en estas estructuras las instituciones financieras son el “catalizador” necesario. 

Bancos de todos los tamaños y de todas las latitudes han sido cómplices silentes, recibiendo, manipulando, invirtiendo y ocultando millones de dólares que les han permitido aumentar sus dividendos y, en algunos casos, hasta recapitalizar sus golpeadas arcas.

Muchos bancos no se preocupan por conocer al Beneficiario Final, por el contrario, en algunas ocasiones son cómplices en los procesos para esconder el origen de los fondos, con tal de recibir las enormes comisiones ofrecidas por los corruptos y de contar con capitales que buscan una “mano amiga” para ser invertidos.

Además de los bancos de los clásicos paraísos fiscales que todos conocemos, muchas entidades ubicadas en Estados Unidos, España, Panamá, República Dominicana, Bolivia, El Salvador, Argentina, Brasil, entre otros países de la región tienen sus manos manchadas. Las unidades de banca privada y los asesores de inversión han recibido con los brazos abiertos los enormes capitales chavistas, justificándose ellos mismo con la excusa de que son “capital flight” buscando un destino seguro. 

Muchos han financiado enormes desarrollos de bienes raíces en el Sur de Florida, en Panamá, en República Dominicana, etc., conscientes pero a la vez ignorando que detrás de esas “grandes inversiones de desarrollo” hay solo “grandes testaferros”. 

Muchos procesadores de pago, entidades bancarias y comercios se beneficiaron por años de la ilegal práctica de raspar los cupos, metodología aplicada por venezolanos que viajaban al exterior (mayormente Aruba, Curazao, Panamá, Estados Unidos, Ecuador y España) para extraer de sus tarjetas de crédito el monto de dólares comprados al gobierno venezolano a precio preferencial. Aviones llenos de venezolanos eran recibidos con los brazos abiertos hasta que el gobierno madurista acabó con el negocio de los cupos de dólares. Desde entonces, los mismos venezolanos que antes traían divisas a cambio de una comisión que podía ser de hasta el 30%, ahora son vistos con malos ojos, incluso hay países que ahora les pide visa para entrar al país.

A pesar de todo, hay mucho capital venezolano generado con honestidad. La banca internacional (por lo menos la que tenga algo de mística y seriedad) debe intentar diferenciar claramente el dinero sucio del dinero limpio para no aplicar medidas restrictivas injustas a quienes no se merecen ser tratados como personas o entidades “de alto riesgo”.

Hay banqueros que no han caído en el bajo mundo de la corrupción, por ellos apuesto para que desde adentro y desde afuera de Venezuela sigan trabajando con decencia, sin permitir que el agradable olor del dinero produzca en ellos la triste mutación que los convierta en cómplices.